Cuando el río suena...
Tu mente está llena
“No es normal que todo me afecte tanto.”
“¿Cómo es posible que ahora me den igual cosas que antes me removían?”
“Por mucho que me esfuerce en darle vueltas, ya no me afecta como antes.”
Son frases que escucho a diario en consulta, y que apuntan a algo que rno terminamos de entender bien: un pensamiento o un miedo nunca aparece solo. Siempre está tejido entre otro montón de variables.
Es fácil de entender, pero difícil de interiorizar. Nos sigue sorprendiendo lo poco que mandamos sobre nuestra propia cabeza. Tú no decides qué te duele ni qué te motiva hoy: lo decide el contexto. Y ese contexto se construye a partir de infinitas variables.
Te pongo un ejemplo sencillo.
Si te privamos de sueño durante dos o tres días, es muy probable que esas pequeñas manías de tu pareja que hasta ahora te parecían “graciosas” dejen de hacerte tanta gracia.
Si atraviesas un periodo de estrés prolongado, quizá no toleres igual de bien que tu compañero mire el móvil mientras tú sacas el trabajo adelante.
Y si llevas mucho tiempo dentro de un contexto ansioso-depresivo, puede que hasta te molesten cosas que ni sabías que podían molestarte.
A veces esto se explica diciendo que todo eso que ahora te afecta lo hace porque toca tus mayores vulnerabilidades. Puede que sea cierto, pero no voy a enredarme con esto hoy. Porque creo que, en el fondo, da un poco igual. Y no porque me dé igual que sufras, sino porque muchas veces es más importante atender a otros niveles más macroscópicos.
¿Para qué vamos a trabajar tu tolerancia a las manías de tu pareja, si lo que necesitas es dormir tus 7 u 8 horas?
¿Para qué voy a trabajar la aceptación de tu compañero, si lo que toca es buscar formas de aliviar el estrés?
¿Para qué me voy a enredar contigo hablando de lo mal que está el mundo, si lo que necesitamos es aterrizarte en el tuyo?
Seguro que alguien está pensando: “Bueno, pero tampoco hay que invalidar todo eso que nos molesta.”
Por supuesto que no. De hecho, estoy diciendo justo lo contrario: que, por el momento que atraviesas, incluso situaciones que antes no te afectaban ahora sí lo hacen.
A veces imagino la mente como un montón de grietas que se llenan de agua, o no, según cómo estemos emocionalmente.
Cuando cargamos con mucho, es fácil que la mente conecte ideas y nos haga sufrir más por esas “tonterías” que nunca nos habían molestado. Si tienes la ansiedad por las nubes, lo esperable es que hasta te preocupe que el edificio se derrumbe (a veces de forma literal).
Por eso no es que dé igual que te preocupe que el sol vaya a explotar. Es que:
Cuando uno está más vulnerable, hasta las propias fantasías pueden enredarnos de la forma más perversa. Nadie está roto por sentir de más.


