El "Jes Extender" de tu cerebro
Un análisis funcional de la pereza
Hacia el año 3400 a.C. se inventó la escritura en Mesopotamia y la civilización humana hizo uno de sus mayores glow ups. Desde que aprendimos a apuntar cosas en tablillas de arcilla, nuestra capacidad de planificar, colaborar y producir (ejem) aumentó considerablemente.
Aunque, si te digo la verdad, creo que también fue el preciso momento en el que empezamos a fliparnos con esto de llenar la vida de cosas que hacer. Pero de esa trampa ya hablaremos otro día.
Hoy quería plantear un problema bastante habitual:
Si es evidente que apuntarnos nuestras tareas y eventos en la agenda nos ayuda a organizarnos mejor y a no olvidar nada, ¿por qué no lo hacemos?
Sobrecarga del sistema
La memoria de trabajo tiene un tope máximo y todavía no hay un Jes Extender que te la agrande, aunque no me extrañaría que pronto vieras anuncios como estos:
El caso es que todas esas tareas pendientes que decides "llevar en la cabeza" compiten activamente por los mismos recursos que necesitas para hacer lo que tienes delante en este preciso instante. Este esfuerzo atencional constante mantiene semi-activado tu eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (el “famoso” HPA). Es decir, tu organismo interpreta esa retención continua de asuntos pendientes como una amenaza constante.
Reduce tu capacidad para atender al presente.
Perjudica tu sueño.
Complica tu forma de autorregular emociones.
Por suerte, las investigaciones de E. J. Masicampo y Roy F. Baumeister (2011) demostraron que apuntarte lo que tienes que hacer neutraliza de inmediato la interferencia cognitiva y los pensamientos intrusivos. Eso sí, es importante que apuntes el momento, lugar y pasos para llevarlo a cabo.
Si es tan obvio, ¿por qué no lo haces?
Esta es la pregunta que nos hacemos constantemente en consulta cuando analizamos nuestro propio comportamiento. Y la respuesta es que, si fuéramos seres puramente racionales, no seríamos humanos. Los humanos somos seres funcionales: hacemos las cosas porque nos sirven para algo (o para evitar algo).
No apuntamos las cosas porque, aunque el beneficio a largo plazo sea evidente, existe una resistencia inmediata que llamaremos, por simplificar, pereza.
En momentos de alta velocidad y estrés, el simple hecho de tener que dar tres pasos (desbloquear el móvil, buscar la app de notas o sacar la libreta y buscar un boli) nos parece un abismo. Es lo que en psicología llamamos coste de respuesta.
Pero es que, además, nuestra mente nos tiende dos trampas cognitivas muy peligrosas que se enredan con facilidad:
“Seguro que me acuerdo de esto luego”. Un pensamiento que se explica por el sesgo de sobreconfianza fluida y que se da porque al surgir cualquier idea en la mente, esta se siente muy accesible en cualquier momento. Error.
“Seguro que no miro lo que apunte”. Algo que podría ser cierto o no, pero que, desde mi experiencia, suele correlacionar con cierta necesidad de control. Aún así, te compro que si no tienes el hábito de mirar tu agenda o tus notas, lo más probable es que este pensamiento sea útil y debas construir primero dicho hábito.
Algunas recomendaciones
Ya hace un tiempo que sé del método TAR (Trigger-Action-Review) y aunque esto de los métodos ya me generan un poco de alergia, en este caso, se adhiere muy bien a la pauta general que suele darse cuando alguien quiere empezar a llevar un sistema de organización básico.
Es sencillo:
Trigger. Defines de forma explícita cuándo y dónde se debe ejecutar la tarea.
Action. Concreta lo máximo posible cómo debe hacerse la tarea, de forma explícita y, a ser posible, observable.
Review. Establece un bloque de tiempo de 10 minutos al inicio del día para revisar tus tareas.
Hay personas que, además, combinan esto con un vaciado mental diario (Nightly Brain Download) que consiste en escribir en un papel todos los asuntos pendientes del día antes de dormir para "aparcar" las ideas y acostarse sin ruidos.
De esta forma te vas a la cama habiendo “descargado” un poco todo lo que se supone que debes hacer. Ahora bien, si no te vas a la cama con todo esto en la cabeza, tal vez hacer este ejercicio te abra más cajas de pandora de las que cierra. Cuidado.
Y bueno, aunque todos estos métodos están muy bien, recuerda que:
La vida no es una lista de tareas por hacer.
Aunque nos hayan vendido muy bien la idea…


