El ocio que te hace conectar con tus valores
Y el que te hace parar o arrancar
La semana pasada hice una encuesta preguntando si eres más de las personas que se frenan a la hora de lanzarse a la piscina (con proyectos u objetivos) o de las que no pueden parar. Y bueno…
Detrás de cada voto habrá una historia y unas explicaciones del porqué (o el para qué) hacen lo que hacen. Como veo que la mayor parte de mi audiencia confesó que le cuesta arrancar, hoy me centraré en las motivaciones para lanzarse a la piscina. Pero ojo, si eres del bando de los que no pueden parar, no te me vayas. Para ti el ocio será el mejor entrenamiento para aprender a hacer algo por puro placer, sin la necesidad de tener que ser siempre productivo.
Suficientemente apetitivo (¿o no?)
Hace un par de semanas, la gente de Substack (la herramienta que uso para mandarte la newsletter) puso la opción de desactivar las estadísticas. Y yo fui veloz como un guepardo a quitarlas.
Claro que mi vanidad se alimenta del número de suscriptores que tengo en esta lista.
Claro que podría pensar que mi base de datos es un activo importante.
Pero no quiero depender de nada de eso, venir a escribir es suficientemente apetitivo y, por el momento, mi agenda y mi vida me lo permiten.
Esta newsletter es el contexto más ocioso de mi semana que me acerca a la psicología. Porque los verbos comunicar, enseñar y ayudar son comportamientos que resuenan mucho conmigo. Y aquí puedo contactar con eso sin pensar necesariamente en que me vaya a dar más trabajo.
Sin embargo, a veces (y te lo reconozco) es el miedo a decepcionar a mis lectores lo que me atrae al teclado. Pero, por suerte, siempre que me pongo a escribir, acabo contactando con aquello que da sentido a seguir haciéndolo.
Veremos qué hago el día en que me ponga a escribir y no contacte con nada. 🙃
Intrínsicamente apetitivo
O que da gustito hacerlo, pero no necesariamente terminarlo y tampoco da miedo dejar de hacerlo.
Y el ocio siempre me ha parecido el contexto más puro donde contactar con lo de arriba.
Imagina a Clara, una mujer de 38 años que empieza a tocar la guitarra porque siempre le ha gustado la música. Descubre que le encanta y empieza a dedicarle horas y horas a pesar de que:
Se frustra constantemente.
No tiene intenciones de tocar en público.
Tampoco va a clases ni tiene que demostrarle nada a nadie.
Tocar la guitarra es apetitivo en sí mismo, pero no la lleva a nada aparentemente productivo. Lo que sea que esté experimentando Clara ahí es algo que querrá seguir experimentando más veces a lo largo de su vida.
Ocio ≠ valores
Sé que es tentador (por simplista) llegar a la conclusión de que una vida con propósito será también una vida ociosa.
Aunque si lees un rato a Aristóteles es lo que te diría. Pero ya sabes que el ocio para Aristóteles era filosofar y (justamente) él era filósofo. 🤓
Hoy no quiero que te vayas de esta edición con una idea tan sencilla, pero sí con una pregunta:
¿Qué hago en mi ocio que me gusta hacer en otras situaciones de mi vida?
Tal vez por ahí encuentres algo más parecido a un valor. Y, sobre todo, tal vez encuentres algo que dé sentido a lanzarse a la piscina con algunas ideas o proyectos ante los que te estás frenando.
Porque una vez sobrepasas la capa del perfeccionismo y del miedo, es más probable que contactes con aquello que puede satisfacerte de verdad.
Pero si esos miedos son tan grandes que te cuesta imaginar qué es lo que puede motivarte, tal vez en el ocio encuentres un espacio seguro donde reafirmar lo que te gusta.
Tal vez Clara no se dedique profesionalmente a la música, pero gracias a la guitarra se recuerda que para ella son importantes cosas como aprender con paciencia, explorar con curiosidad y comprometerse con disciplina.
Y sí, esa combinación de verbos + adverbios es la combinación que alguna vez te he propuesto para tratar de evocar tus valores en el día a día.
Así que, pregúntate: ¿qué verbos y adverbios puedes encontar en tu ocio?


