“Es que yo soy así”
Cuando tus certezas se convierten en una jaula.
No te asustes, todo va bien. Simplemente he decidido mover la newsletter a los domingos por recomendación de algunas personas ☺️.
Y ahora sí, vamos con la edición.
Alguna que otra vez me han dicho que vienen a terapia para poder conocerse del todo. Y claro, yo, que todavía soy joven, no querría estar conociendo ya a pacientes con los que terminaré jubilándome.
No digo que no podamos conocernos un poco más, pero me parece algo peligroso definir el objetivo de “terminar de conocerse”. Y ahora veremos por qué.
El peligro del autoconocimiento
Si me conoces, sabrás que odio toda la cultura de los “iluminados”. Esos que afirman haber vivido un infierno o muchos procesos terapéuticos (del tipo de terapia que sea) y que, por fin, han alcanzado la verdadera sabiduría.
Esas personas que ya parecen ver el mundo desde arriba y afirman cosas como “yo ya me conozco lo suficiente”. Y, para todas estas personas, me voy a permitir citar a Ortega y Gasset:
La diferencia entre el inteligente y el tonto es que el inteligente vive en guardia contra sus propias tonterías.
Y es que afirmar que uno ya se conoce me parece incluso más peligroso que no conocerse del todo. Porque si tienes la certeza absoluta de conocerte, puede que cuando digas que algo te enfada o no te apetece, tengas la excusa perfecta para no hacerle hueco a todo eso.
Podrás decirte cosas como:
“Yo paso de hacer eso, sé de sobra que no me gustará.”
“Si me enfado es porque soy así, tengo mucho carácter y a estas alturas no voy a cambiar.”
"Como soy una persona miedosa, prefiero no apuntarme a eso; sé que lo voy a pasar mal y no merece la pena sufrir por gusto."
Y puede que en alguna predicción aciertes, pero desde mi punto de vista, este tipo de afirmaciones tienden a restringir más que a prevenir.
Las bondades del autoconocimiento
Obviamente no voy a ir en contra del autoconocimiento, no me permitiría yo ir en contra de Aristóteles.
Sin embargo, creo que el autoconocimiento, más que un objetivo per se, debería tratarse como una forma de vida. Algo que uno hace cada día de forma proactiva.
En consulta mandamos autorregistros y planteamos hipótesis sobre la función de nuestro propio comportamiento para llegar a conocernos un poco más. También exploramos valores para ayudarnos a elegir mejor en el día a día o, por lo menos, intentarlo.
Pero nada de esto es algo que se cumpla y ya, sino un proceso consciente que se trabaja a diario. Es eso que en Mindfulness llamamos Mente de Principiante.
Pero no confundamos curiosidad con miedo
Esta sería la tercera cara de la moneda (no intentes imaginar una moneda de 3 caras): cuando, por cosas de la vida, acabamos cuestionándonos todo lo que hacemos.
La curiosidad debería estar movida por reforzamiento positivo. O, lo que es lo mismo, debería estar acercándonos a la vida y no tratando de protegernos de ella.
Lo que me gustaría incentivar es una apertura a la experiencia, con preguntas amables y un interés genuino en las respuestas. Una manera de acercarnos a la vida sin ir anticipando las respuestas.
No es lo mismo decirse “voy a hacer esto que seguro que me da miedo” a “voy a hacer esto para ver qué siento”.
En ambos casos nos acercamos a la experiencia, sí, pero en el segundo hay mucha más apertura y amabilidad.
Busca preguntas importantes, no verdades absolutas.

