Ni frenarte por miedo ni correr por insuficiencia
O, en general, no moverte sólo por el miedo
Esta semana me dió por publicar esto:
Y lo que pasa cuando publico alguna frase o idea es que mi mente empieza a darle vueltas. Pero, como no quiero que esto se convierta en una rumia o reflexión que me aleje del presente, me vengo al teclado a vomitar un rato. 🙃
¿Y si es todo miedo?
En consulta veo muchas veces dos perfiles (aparentemente) opuestos: las personas que no terminan de arrancarse y las que no saben parar.
Y, aunque cada caso es único y blablabla, la mayoría de las veces me encuentro con que el miedo es lo que sostiene ambos comportamientos.
De hecho, si me apuras, diría que el miedo al rechazo, pero tampoco voy a ser simplista hoy, que nos conocemos.
La persona que no se arranca se ve frenada por sus inseguridades del tipo:
¿Será esto lo que quiero?
¿Seré capaz de hacerlo bien?
¿Qué pensará la gente?
Tal vez necesite estar más preparada/o.
Y la que no sabe parar tendrá inseguridades como:
Si paro, puede que todo se vaya a la mierda.
Si paro, hablarán mal de mí.
Si no soluciono esto, ¿quién lo hará?
Y un largo etcétera de pensamientos que se alimentan de nuestros miedos. Miedos que no terminan de irse porque nuestra experiencia nunca es lo suficientemente impactante como para demostrarnos que:
Podemos hacer más cosas de las que pensamos.
El error forma parte del aprendizaje.
El mundo no se cae si descansamos.
Y que quien solo te valore por lo productivo o productiva que eres tal vez no sea una buena compañía.
Sentir o no sentir, hacer o no hacer
Diría Hamlet en una crisis existencial si viviera en nuestra “bendita” sociedad del rendimiento.
Te lo reconozco, a mí me ilusiona de una manera tal vez exagerada que la gente haga lo que quiera. Sobre todo si eso le conecta con una vocación o una pasión.
Yo veo cómo mi amiga Desirée Llamas está lanzando su nuevo proyecto para psicólogas y me vengo arriba. (Tienes más info aquí por cierto).
Y lo mismo pasa con VálidaMente o con Psicoflix. Ambos proyectos están orientados a que psicólogas y psicólogos tengan las habilidades y recursos necesarios para poder ejercer.
Y esto no se restringe a mi ámbito profesional; en el personal también soy esa persona que va a intentar echarte leña para que incendies lo que quieras (en sentido metafórico, por favor).
AHORA BIEN…
Mi discurso ha ido suavizándose en los últimos años al ver cómo, para muchas personas (también para mí), la acción se pasa de frenada y eso hace que sus propósitos vitales se empiecen a diluir entre tanto miedo a parar.
Cuando empecé a ejercer, veía a personas que no se animaban a lanzar sus proyectos y ahora veo a más gente que no sabe cómo pararlos.
No sé si estaré sesgado o será algo global, pero, independientemente de eso, vuelvo a lo que decía. El miedo sostiene ambos comportamientos y, sobre todo, el miedo a sentir el no hacer.
Porque al final, tanto el que hace como el que no, puede sentir que no sirve. Y lo único que cambia es la situación desde la que lo siente.
Y puede que lo único que nos quede sea sentir y punto, pero movernos como (y hacia) donde queremos.

