¡Buenos días!
Antes de empezar, tengo que pedir perdón porque el audio de la grabación está tremendamente mal 🥲.
Se ve que eso de “me veréis en directo con todos mis fallos técnicos” fue algo que quise tomarme al pie de la letra.
De hecho, se escucha tan mal que no he querido subirlo a YouTube y por eso te lo mando exclusivamente por aquí.
La siguiente saldrá mejor. 🤞
Y ahora sí, vamos con la que escribí después del episodio.
La fenomenología del “Nuevo Comienzo”
He estado dándole mil vueltas a la función que podría tener, en la mayoría de los casos, esta forma de reiniciar la vida cada 1 de enero. Y diría que, para la mayoría:
El pensamiento “este año será diferente” sirve para intentar eliminar el malestar acumulado por los “fracasos” anteriores.
El deseo de “reiniciar” el año no es un impulso creativo; es otra estrategia de control emocional.
De hecho, diría que la obsesión por el reinicio es incluso contraproducente porque implica una negación de tu historia de aprendizaje. Es como si voluntariamente trataras de olvidar todo lo que sabes de ti.
Y bueno, no es ningún spoiler: la autoconciencia es un factor determinante en el cambio. ¿Por qué si no íbamos a mandar tanto autorregistro en consulta?
La culpa como producto
Sabemos de sobra que pasar de página en el calendario no resetea nuestro contexto ni borra nuestra historia de aprendizaje. Pero eso al mercado le da igual; diría que incluso cuenta con ello.
A veces pienso en la “generosidad” de Elon Musk llevando internet a cada rincón del planeta y en lo conveniente que resulta eso para que todos acabemos en X.
La industria de la autoayuda opera igual: primero te vende la fantasía del cambio radical y, cuando inevitablemente falles, habrán generado el hueco perfecto para la culpa. Momento perfecto para venderte el siguiente producto que te enseñará a “quererte más” o a “gestionar tu frustración”.
Es el Mito de Sísifo convertido en modelo de negocio: nos empujan a subir la piedra de las expectativas hasta la cima solo para verla caer rodando de nuevo. Y nosotros, pensando que el problema somos nosotros, bajamos a por ella para volver a empezar.
La dirección de cada día
Si alguien procrastina en sus objetivos de año nuevo, no es por vagancia; es porque ese comportamiento (la procrastinación) está reduciendo un malestar a corto plazo (ansiedad, miedo al fracaso, incertidumbre). Ese “alivio instantáneo” es lo que mantiene el hábito, no una falta de moral o de carácter.
Ojalá fuéramos conscientes de esto todo el rato; seguro que tendríamos un mundo mejor. Pero la cabeza no funciona así: el piloto automático se pone al mando y lo normal es que, en ocasiones, te muevas por inercia.
Por eso, apostaría por un cambio contextual antes que por un cambio puramente individual.
Si tu propósito para este 2026 era hacer más deporte, pregúntate:
¿Mi entorno (horarios, gente, casa) está remando a favor o en contra de este objetivo?
¿Permite mi vida encajar mis propias expectativas?
¿Cuál es la manera más amable de favorecer este objetivo para la versión más perdida de mí?
¿Cómo voy a tratarme cuando sea imposible cumplir este objetivo?
Que este año no vaya de intentar ser otra persona, sino de aprender a cuidar mejor a la que ya eres.









